La infiltración consiste en introducir en un tejido dañado o lesionado, una solución terapéutica, es decir, algo que lo cure. En los libros y en las universidades, se enseñan técnicas para, desde ciertas referencias a la anatomía del paciente, conseguir introducir la punta de la aguja en la lesión y dejar allí la medicación, aunque es verdad, que la anatomía es muy variable entre los seres humanos, y estas reglas no funcionan para todo el mundo.

Partiendo de lo anterior, es importante señalar que la tecnología actual nos permite, mediante la ecografía, valorar el tejido doloroso, ver la parte dañada y guiar, bajo visión directa, una aguja hasta allí para sanarlo.

Las infiltraciones pueden ser de varios productos:

  • Electrolisis percutánea: no es un medicamento en sí, si no la aplicación de una corriente galvánica mediante una aguja de acupuntura en la lesión, convirtiendo el tejido irregular en hidróxido sódico y comenzando el cuerpo el proceso natural de reparación de los tejidos.
  • Corticoides: medicamentos antiinflamatorios, inmunosupresores y analgésicos, que suprimen el dolor y provocan gran mejoría sintomática de forma rápida y eficaz.
  • Plasma enriquecido en plaquetas: sangre del paciente, convenientemente tratada, para que tenga una altísima concentración de plaquetas, que a su vez tienen las proteínas que comienzan la regeneración del tejido, llamadas “factores de crecimiento”.
  • Colágeno: producto que forma parte de la matriz extracelular del tejido conjuntivo, tendones… hay autores que estiman que la inyección de este producto puede reparar el colágeno estropeado por la lesión.
  • Ozono: potente antioxidante y regenerador, además de antiséptico. Útil para lesiones crónicas, teniendo aplicaciones en pie diabético. Esta técnica puede combinarse con la aplicación de plasma rico en plaquetas.
  • Anestésicos locales: cuenta con varias aplicaciones, desde aliviar el dolor, hasta provocar una fuerte despolarización de las células nerviosas, siendo útil en algunos procesos patológicos como las neuralgias.
  • Soluciones hipertónicas de glucosa: llamadas proloterapia. Estas soluciones generan daño en el tejido, favoreciendo el inicio de la cascada inflamatoria – antiinflamatoria, en patología crónica y artrósica.
  • Ácido hialurónico: favorece el deslizamiento articular y tendinoso. Es importante señalar que existen evidencias de su uso positivo en varias patologías del pie.

Infiltrar todos estos productos con guía ecográfica aumenta de manera notable y exponencialmente el arsenal terapéutico del podólogo, logrando dar solución a casi todas las patologías del pie y tobillo.

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